Ana,
Hundía su nariz en las bolsas de residuos.
Por las noches Ana recorría las calles y las desanudaba, aspiraba sus muy fragantes fragancias, luego volvía hacia las veredas oscuras, en busca de mas bolsas, y, mas, mas, mas, mas, mas, mas, mas, y mas, infinitamente mas.
Le sucedió una noche, la primera noche, enamorarse para siempre de ese dulzor oxidado, de un olor a fiebre, lujuria y euforia que encontró en una de las peculiares bolsas que alguien pareció haber perdido, arrojado u olvidado.
Entonces decidió quedarse con él, robar aquel olor y llevarlo a su casa, que nada ni nadie jamás vuelva a separarla de sus aromas, de la omnipotencia que establecía sobre su cuerpo.
Magia decidió llamar a esa bolsa para que empiece a tomar forma, para que no la reconozcan solo por su olor y volátil figura. Procedió a la autopsia de aquel vientre blanco, fuerte, bellísimo y puro.
La gozó toda la noche, la acarició hasta sentirla en su espíritu y desde entonces todas las noches la amaba, esas noches que rápidamente se convertían en día, al lado de la Magia, se viajó de norte a dios, se desvivió por ella, y todo se lo dio a ella, ella, ella, no le importaba perder hasta su nombre (de escasas 3 letras) para que vuelvan a encontrarse a cada instante, en cada suspiro.
Exhausta, por fin, un día la cerró y se durmió, decidió olvidar aquella bolsa para siempre y devolverla, devolvérsela a las ocho moscas que la poseían cuando la encontró.
Despertó intoxicada por una despiadada tristeza.
Primero fue sospecha, y poco después la sospecha se vertebró en certeza.
La desanudó y la olió con verdadero afán, pero no pudo respirarla ya. Ya era otra. Una fantasma muerta.
La cerró.
La tarde subió funeral y húmeda, vacía y con meses de agotamiento. Caminaba desesperada, intentando descubrir qué sentía, que ya no lo sabía, ni recordaba cómo sentir.
Por la noche Ana volvió a su hogar. Y la encontró, se reencontró con la Magia, quizás alguien se había encarecido de ella, de su rostro suplicante por no hallarla, de sus ojos angustiados por intentar cerrarla para siempre, por haberla perdido, por sentirse perdida.
Y allí, bajo esa luna de noviembre, con movimientos bruscos se arrodilló ante ella, se abalanzó sobre su cuerpo, su desesperación desnudó hasta su alma y con las últimas energías recién recuperadas por la exaltación de verla, la volvió a oler, la respiró con más fuerza que nunca, con violencia feroz, estallando sus ojos ante semejante encuentro, rencuentro.
Y, de repente, volvió a proceder a la autopsia de aquel vientre blanco, Ana pensaba respirarla por última vez, despedirla y demostrarle que ella ya no era nada ni nadie para ella, pensaba abusarla, besarla, darle odios y amores y una última noche inolvidable, imborrable.
Hasta que al fin, en ese instante, lo descubrió, ese vientre blanco que despedazaba entre sus labios y su nariz ya no era de la Magia, era de ella, de Ana, Ana que yació para siempre luego de aquel último respiro…. Y de sangre contaminó con su nariz aquel vientre, muerto. Su magia muerta.
Muerta
9.7.08
Las caricias de los Dioses
Te amenazo
¡sin lugar a réplica!
Sin excusas ni escapes
Sin salidas de emergencia
Te advierto que ya no hay fuga
De mis caricias azul cielo
De mi caricias que te compaginarán con un nube
De mis caricias que te insertaré en lo más profundo
de tu cuerpo
Hasta susurrar con mis manos
En tu alma
Para manosearte el espíritu
Y derretirlo entre mis dedos
Y vestirlo en mi piel rodeada de la tuya
De tus piernas enredada
Te amenazo con mis caricias de hada
Salidas de cada cuento, fábula o relato
De mis caricias que surcan lo terrenal
al mismo tiempo que lo etéreo
Lo profundo tanto como lo absurdo
Por vos y para vos mis caricias navegan en abismos de gemidos
En tu cuerpo mis caricias son caricias
Por tu cuerpo mis caricias se acarician
Y te vuelvo a advertir,
Acéptalas, respíralas y despídelas
mis caricias rojo peligro
Rojo como el beso que te robo
Para poder seguir inventando un nuevo camino del color que quieras
mis caricias que hacen magia si naufragan con tu piel
esas caricias que son mas que caricias si te rozan
Y si
¡claro que si!
estas son caricias de siglos pasados
pero también de futuros
tanto de antes de ayer como de hoy o del dos mil diez
Las caricias de todos los dioses se encuentran en mis manos
Para poder sentirte
Para poder tocarte y hacerte gritar tanto como Hestia, Cibeles o Minerva,
Como Juno
Acaso como Cleopatra, Afrodita, o Artemisa
Como Atenea o Aditi, quizás como Durga
Y hasta igualaré a Citalicue para darte estrellas con mis manos
O si acaso prefieres los mares me vestiré de Poseidón
Con mis caricias
Las caricias de cada alma,
De cada luciérnaga
Y cada sombra
Si quieres agua mis caricias te beberán los sentidos
Si lo quieres te renuevan
Si lo pides te destruyen
Te Adoran
Mis caricias
Las de todos los dioses
y acaso también la de todos los diablos
Y me exorcizo de cada ángel y cada demonio
Si estoy entre tus ojos
Te canto con mis manos
Con mis Caricias que en realidad son las tuyas
Son tuyas para siempre
¡sin lugar a réplica!
Sin excusas ni escapes
Sin salidas de emergencia
Te advierto que ya no hay fuga
De mis caricias azul cielo
De mi caricias que te compaginarán con un nube
De mis caricias que te insertaré en lo más profundo
de tu cuerpo
Hasta susurrar con mis manos
En tu alma
Para manosearte el espíritu
Y derretirlo entre mis dedos
Y vestirlo en mi piel rodeada de la tuya
De tus piernas enredada
Te amenazo con mis caricias de hada
Salidas de cada cuento, fábula o relato
De mis caricias que surcan lo terrenal
al mismo tiempo que lo etéreo
Lo profundo tanto como lo absurdo
Por vos y para vos mis caricias navegan en abismos de gemidos
En tu cuerpo mis caricias son caricias
Por tu cuerpo mis caricias se acarician
Y te vuelvo a advertir,
Acéptalas, respíralas y despídelas
mis caricias rojo peligro
Rojo como el beso que te robo
Para poder seguir inventando un nuevo camino del color que quieras
mis caricias que hacen magia si naufragan con tu piel
esas caricias que son mas que caricias si te rozan
Y si
¡claro que si!
estas son caricias de siglos pasados
pero también de futuros
tanto de antes de ayer como de hoy o del dos mil diez
Las caricias de todos los dioses se encuentran en mis manos
Para poder sentirte
Para poder tocarte y hacerte gritar tanto como Hestia, Cibeles o Minerva,
Como Juno
Acaso como Cleopatra, Afrodita, o Artemisa
Como Atenea o Aditi, quizás como Durga
Y hasta igualaré a Citalicue para darte estrellas con mis manos
O si acaso prefieres los mares me vestiré de Poseidón
Con mis caricias
Las caricias de cada alma,
De cada luciérnaga
Y cada sombra
Si quieres agua mis caricias te beberán los sentidos
Si lo quieres te renuevan
Si lo pides te destruyen
Te Adoran
Mis caricias
Las de todos los dioses
y acaso también la de todos los diablos
Y me exorcizo de cada ángel y cada demonio
Si estoy entre tus ojos
Te canto con mis manos
Con mis Caricias que en realidad son las tuyas
Son tuyas para siempre
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