27.12.08

Noche Oscura

Caminando por la huellas de un árbol caído llegue hasta una casa color rojo, rojo con blanco, blanco con rosa, rosa con aves, aves con serpientes.
Lloviznaba finito, tan finito que a penas se notaba. Pero esa finitud era tan profunda que en cuestiones de segundos, esas agujas de agua me empapaban hasta el ombligo.
Desparramando los pedazos de mi cuerpo ante una oscura habitación me postré vociferando, y ella apareció, fantasmal y con una molesta sonrisa en el rostro.

-¡tus besos! ¡Tus besos de alguna antigua noche los mandé a analizar a un laboratorio especializado en bromatología! ¡Toxica! ¡Toxica! ¡Me plagaste de enfermizas babas de tu amor!

- Te estás confundiendo con otra persona (respondió ella nerviosamente y luego apuró el paso hacia otra dirección para volver a desaparecer entre la oscuridad, así como tan bien sabía hacerlo)

- ¡Tóxica! ¡Monstruo venenoso! ¡ya sácame tu hechizo! ¡Ten piedad de mí! ¡Ten piedad! ¡No quiero quererte ni una milésima de segundo más! ¡Ni una sola!

Al instante nos encontrábamos ante las calles sepias de San Telmo, mojando nuestros zapatos. Yo; Sin poder mirar hacia la luna. Ella; rápido y preventivamente me atinó un rudo y firme paraguazo en la cabeza, y ante el golpe grité, deseando deshechizarme.
Sangré y al sangrar gemí y me volví a la rutina de perderme por los conventillos de San Telmo, sufriendo, sufriendo de nuevo en su noche oscura.